Palomitas

Nuestra película

No importa lo que haga. Siempre te vas a aburrir. Estoy mirando los peces de colores moviéndose despacio por el agua y, en vez de relajarme como otras veces, hoy sólo me recuerdan lo gilipollas que soy. Los compramos un día que te aburrías, como siempre, y la casa te pareció muy vacía. Yo, que soy idiota, accedí sin rechistar, sin ser consciente de que no era más que otro intento desesperado por hacerte la vida un poco más entretenida.

Pero hoy ya lo sé, no importa lo que haga, porque no depende de mí en absoluto. Resulta que las relaciones son así. Esto no es una película.

Si resumiesen nuestros mejores momentos en dos horas seguro que también era una buena historia, de las que a tí te gustan. De hecho, podría ser una de las mejores. Empezaría, por ejemplo, con la escena en la que compramos los peces. Tú con cara de felicidad diciéndole al dependiente cuales te gustaban, y yo opinando desde un segundo plano pero con la misma sonrisa contagiada por tu entusiasmo. Si, sería una buena escena.

También recuerdo el viaje a París. Tu habías visto en un programa de televisión como una pareja de famosos escribía en un candado su nombre y luego lo enganchaba a la barandilla de un puente. No parabas de hablar de ello. Puede que incluso fuese la única razón por la que fuimos a París. Pero ahí estábamos los dos, en el puente de las Artes creo que se llama, repleto de candados que habían puesto cientos de parejas. Sin duda era un lugar muy romántico. ¿Y si alguien hubiese captado el momento en el que los dos escribíamos nuestros nombres en señal de amor eterno? Si estuvieses viéndolo desde una butaca puede que incluso se te saltasen las lagrimas. Después de cerrar el candado y tirar la llave al río nos dimos un beso que superaría al de El Diario de Noa.

También te acordarás del día que pasamos en el barco aquel verano en Ibiza. Vimos la puesta de sol desde el mar con dos copas de champán. Imagina como protagonistas a Ryan Gosling y Scarlett Johanson, por ejemplo.
Habrías ido a verla el mismo día del estreno.

Pero son películas, no es real. Sólo están basadas en “momentos” reales. De hecho, las vemos porque nos ayudan a evadirnos durante un rato. Claro que tenemos buenos recuerdos. Nos hemos divertido mucho. Pero ya te adelanto que no todos los días son así, ni en nuestra relación ni en la de nadie. Porque a pesar de saber cuales son los momentos que harían que nuestra película reventase las taquillas. También sé cuales no encajan en tu cuento de hadas.

Y es que, en el cine, nunca te van a enseñar la monumental pelea que tuvo esa encantadora pareja justo antes de subir al avión rumbo a París. Ni lo difícil que es para ella lidiar con los padres de él, que son realmente insoportables. Tampoco te van a mostrar que ese hombre tan atractivo y esa mujer que siempre va tan bien maquillada, el mes pasado tuvieron que apretarse bastante el cinturón porque después de las vacaciones y los gastos extra estaban en números rojos. Es más, ni siquiera te van a mostrar lo que hace esa pareja un domingo por la tarde. Porque, como hoy, no hay fuerzas ni dinero para nada.

Pero no somos sólo nosotros, créeme, esos personajes que tanto te gustan también pasan así los domingos por la tarde. Sólo que, en dos horas, todo parece más intenso.

Sin embargo, me temo que seguirás aburriéndote. Porque empiezo a pensar que, a pesar de saber que no es posible, tú vas a seguir intentando vivir en una película. Y te confieso que fue una de las cosas que hizo que me enamorase de ti. Supongo que yo también llegué a quererlo. Ahora creo que todo se reduce a decidir si quiero vivir en el mundo real o en una fantasía. Todavía me estoy decidiendo. Mientras tanto, sigo intentando entretenerte. Sólo espero no aburrirme.

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