Brocoli

Dietas

El reloj de la oficina marcó las dos y Marta, la de cuentas, sacó un táper con comida del primer cajón de su escritorio. Del bolso sacó un tenedor, una servilleta y una manzana verde para el postre.
– Hoy toca de salmón y gambas- dijo en voz alta.

Gabi, que seguía doblando folletos, levantó la vista y comprobó que se dirigía a ella.
– La ensalada digo.-Concretó Marta al ver su cara de desconcierto.
– Ah ya…- dijo Gabi con una sonrisa forzada y todavía sin recordar a que venía ese comentario.
– ¿Recuerdas que te conté lo de la dieta? Pues ya he perdido cinco Kilos.

En ese momento Gabi recordó el martes de la semana pasada. A las dos de la tarde bajó al comedor de las oficinas para disfrutar de su hora de descanso. Se había llevado de casa un sándwich de atún, un yogur y una cocacola.

Al entrar, casi todas las mesas estaban ocupadas. Solía comer con Josh, que siempre le reservaba un sitio, pero ese día había salido a hacer unos recados y le había dicho a Gabi que comería algo fuera. Echó un vistazo rápido, no quería quedarse mucho tiempo ahí parada evidenciando que no tenía donde sentarse. Finalmente, divisó una mesa al fondo en la que sólo había dos personas. Marta, la de cuentas y Susana, de atención al cliente.
– Hola chicas- dijo mientras se sentaba.
– ¿Qué tal?-contestó Susana. Marta estaba masticando e hizo un gesto con la mano.

Gabi se hundió un poco en la silla y suspiró mientras le quitaba el envoltorio a su sándwich.
– Bueno, ¿cómo vas? ¿Te vas adaptando a esto?- preguntó Marta.
– Creo que sí- Contestó Gabi mientras desenroscaba el tapón de la cocacola.- Además los compañeros me ayudáis mucho. Me siento a gusto.- En realidad consideraba que podía hacer mucho más que las tareas absurdas que le encomendaban, pero no le pareció oportuno comentarlo.
– Me alegro, ¿Hasta cuándo te quedas?
– Pues yo me quedaría más tiempo encantada pero las prácticas sólo duran tres meses.
– O sea, hasta septiembre- dijo Susana.
– Sí. Los meses de verano.
– Siempre igual. No paran de meter becarios. Os tienen aquí tres meses pagándoos una miseria y cuando ya tenéis todo aprendido ¡hala! a la calle y vuelta a empezar. –Dijo Marta mientras pinchaba un trozo de lechuga con el tenedor.
– A mí me lo vas a contar- contestó Gabi asintiendo con la cabeza.
– ¿Sigues estudiando o ya has terminado?- preguntó Susana.
– Terminé el año pasado. Turismo. Y la verdad es que desde entonces sólo he conseguido trabajos temporales.

Marta levantó la barbilla.- ¿Ves?

Se quedaron unos segundos en silencio mientras saboreaban sus respectivas comidas. El barullo del comedor pareció subir el volumen.

El móvil de Gabi vibró sobre la mesa. Era un mensaje de Josh:

Vamos esta noche a tomar algo? Sobre las 9?

Lo leyó de reojo y esbozó una sonrisa. ¿Quedar? ¿Los dos solos? Su imaginación se disparó. Pensó que quizás Josh le estaba proponiendo una cita romántica, pero a los pocos segundos descartó la idea. Nunca había coqueteado con él, más bien se esforzaba por ser una compañera más. Cuándo se encontraban por la oficina hablaban sobre cosas banales y Gabi siempre acababa huyendo con alguna excusa antes de que los nervios le traicionasen y Josh pudiese intuir sus verdaderas intenciones. –Imposible- se dijo a sí misma- querrá quedar como colegas.

Sus dos compañeras estaban comentando algo sobre el guarda de seguridad del edificio, pero no había prestado atención. Gabi se reincorporó a la conversación.
– Por cierto, ¿qué tal tu dieta?- Le preguntó Susana a Marta limpiándose las manos con la servilleta después de comerse el último gajo de su naranja.- ¿Notas algo?
– Sí, ¡ya he perdido tres kilos!- dijo Marta orgullosa.

Se dirigió a Gabi.- Es que sólo como ensaladas. Le puedo echar lo que quiera, pollo, pescado…cualquier cosa.
– ¡Qué bien!- dijo Gabi.

Marta sonrió.
– Pero, ¿Con ensalada te refieres a que tenga lechuga y tomate?- preguntó Gabi pasados unos segundos.
– No no, lo que sea.- Explicó Marta.
– ¿Pasta, por ejemplo?-insistió.
– Si…ensalada de pasta.
– ¿Y arroz?
– De arroz también puede ser.
– Y me has dicho que puede llevar marisco o pollo.

Marta asintió mientras masticaba.
– Pues para eso, cómete una buena paella. – Dijo Gabi.

Susana soltó una carcajada. Marta se quedó pensando y al fin al sonrió sin ganas. Se le notaba que no sabía que decir.
– Ya, pero no es lo mismo. Tiene que ser en ensalada.
– O sea, ¿que esté fría?- intervino Susana.

Marta meditó la respuesta unos segundos.- Sí…- dijo finalmente.

Susana volvió a reírse. – ¿Me estás diciendo que engorda menos por estar fría?
-A eso debe referirse el nutricionista.
-¿El nutricionista? ¿Qué nutricionista?- Las carcajadas eran cada vez más sonoras.
– Volveré a hablar con él- dijo Marta dando por terminada la conversación. La expresión de su cara le delataba. Ella también estaba a punto de echarse a reír ante la inverosimilitud de lo que estaba diciendo.

En realidad no estaba gorda. Quizás un poco rellenita, pero era una mujer atractiva. A Gabi siempre le había parecido que Marta estaba obsesionada con su físico. Era una persona agradable (de las que no suelen darse en el departamento de cuentas) y siempre sonreía cuando te la cruzabas por la oficina. Sin embargo, se maquillaba en exceso y a su alrededor había un halo de inseguridad que no podía ocultar. Siempre halagaba a los demás, sobre todo a las mujeres. Hablaba de su ropa, su pelo…y en su voz siempre se percibía ese tono de lástima y frustración del que quiere algo y no lo consigue.

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