Chica

Don’t be rude

Nunca se habría imaginado limpiando baños ni aspirando la moqueta de todo un edificio, pero intentaba no pensar en ello. – Estoy aprendiendo y necesito dinero- se repetía a sí misma cada mañana. Luego cogía el metro desde Oxford Circus hasta Paddington. Cinco paradas, unos quince minutos. Salía a la calle y, después de un corto paseo, ya estaba en el hotel. El The White Hart tenía un diseño clásico y elegante. Era de cuatro estrellas y sus clientes, por lo general, tenían un nivel adquisitivo alto. Hombres de negocios y parejas eran los más habituales. No era un hotel familiar.
Por las mañanas, a las nueve en punto, Gabi entraba por la puerta y saludaba a Neil, el botones. Luego atravesaba la entrada principal y le dedicaba un “good morning” a Chris, el recepcionista. Entraba en los vestuarios y se ponía el uniforme mientras escuchaba Rude de Magic a través del altavoz del móvil. Salía a los cinco minutos ya vestida y con el pelo recogido (el móvil en el bolsillo) y subía al piso de arriba para empezar a aspirar las zonas comunes.
A pesar de intentar ser positiva, Gabi empezaba a sentirse agotada física y mentalmente. Recordaba lo frustrada que llegó la noche anterior a casa. Como era de esperar, lo pagó con Kevin.
– La gente es igual de guarra en un hotel de cuatro estrellas que en un albergue de mala muerte.- dijo Gabi según entraba por la puerta. Tiró el bolso sobre la barra de la cocina y se sentó en el sofá enfurecida.
A su lado, Kevin, que estaba escribiendo en su portátil antes de la intrusión, la miró intentando no sonreír.
– ¿Qué ha pasado amor?
– Estoy harta. No quiero trabajar más en ese hotel de mierda.
– Pues déjalo.
– Odio que me digas eso
– ¿Por qué?
– Porque sabes que no puedo. Necesito el dinero.
– Pues entonces piensa en eso.
– Es en lo que pienso ¿vale? Es en lo que pienso cada día para aguantar. Pero no es fácil. ¿Yo limpiando baños? Yo no soy así.
– ¿Así como?
– Mira Kevin no pretendo abrir un debate sobre el clasismo. No digo que sea denigrante, respeto profundamente a la gente que lo hace. Solo digo que no es para mi. Y que estoy harta.
– Marta dijo que sería sólo unos meses. Seguro que dentro de poco te ascienden.
– Ya llevo dos meses y nada. Además el siguiente puesto sería en el restaurante, como supervisora. Y yo quiero estar en la recepción. Bueno ¡yo quiero dirigir mi propio hotel!
– Por eso estás ahí, para aprender, y en poco tiempo seguro que estás preparada para montar un hotel por tu cuenta. A mí me pasó lo mismo en Apple. Todos hemos empezado desde abajo.
Gabi estuvo a punto de rebatirle su argumento con miles de palabras que se le escapaban de la boca pero respiró y se contuvo. Vio la mirada comprensiva de Kevin. Esa expresión en su cara tan dulce y a la vez tan seria. En el fondo a Gabi le encantaba esa serenidad. Siempre sabía cómo tranquilizarla. Se acercó despacio y le dio un beso.
– Te quiero.
– Y yo a ti gorgeous.

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