Máquina de escribir

Me gusta escribir

Al otro lado de la calle había un puesto de comida china. Tenían pensado ir a un sitio más elegante pero finalmente el olor a verduras salteadas les convenció. Al fin y al cabo el tiempo de Londres no siempre les permitía comer en la calle y había que aprovechar que no llovía.
– ¿Can I have noodles please?- le dijo Gabi al dependiente asiático después de echar un vistazo a la oferta de comida.- But…- se giró hacia Kevin- ¿cómo se dice maíz?
– Sweet corn- contestó Kevin. Le encantaba la forma en la que ella preguntaba cómo se decían ciertas palabras en inglés. Con esa inocencia y ese punto de vergüenza que intentaba ocultar.
– Eso. But no sweet corn, please.

Kevin pidió lo mismo pero con todos los ingredientes. Y dos cervezas.

El dependiente asintió y cogió dos cajitas de cartón tipo take away. Sirvió los noodles, después las verduras (excepto el maíz en una de ellas) y aderezó la mezcla con salsa de soja. Por último, cogió dos paquetes alargados que contenían los palillos chinos y colocó todo sobre la barra de metal.

Gabi metió la mano en el bolso en busca de la cartera pero Kevin se adelantó y pagó el.

Anduvieron unos metros y encontraron un banco de piedra donde sentarse. Se arrejuntaron para protegerse del ligero viento que soplaba.

Empezaron a comer en silencio. No era incómodo. Ninguno de los dos sintió la necesidad de hablar por hablar.
– Cuéntame algo que tenga que saber de ti- dijo Kevin pasados unos minutos.
– ¿Que tengas que saber?
– Si…-contestó Kevin masticando.
– Me gusta escribir- contestó Gabi mientras removía los fideos con los palillos.

Kevin la miró sorprendido – ¿escribir? ¿Y sobre qué escribes?
– Nada sobre cosas que me pasan, lo que hago, lo que siento, lo que me gustaría hacer…cosas- dijo Gabi quitándole importancia al asunto.
– O sea, ¿como una especie de diario?- insistió Kevin.
– Exacto. Sólo que no escribo todos los días.
– ¿Y cuando escribes?- siguió preguntando Kevin mientras rebañaba el fondo de la cajita.

Gabi le dió un sorbo a la cerveza.- Sólo en los viajes- dijo justo después de tragar- sobre todo cuando voy en avión.
– ¿Sólo escribes cuando viajas?- Kevin levantó las cejas.
– Sólo.
– Qué curioso. Y tienes un cuaderno para tus notas o…
– No. Escribo en el portatil. Como la gente moderna- le interrumpió Gabi.

Kevin se rió.
– Pero si en el avión no se pueden usar aparatos electrónicos. Lo dicen siempre las azafatas.

Gabi dejó el recipiente de la cena vacío sobre el banco.
– No hombre. Eso es sólo al despegar y al aterrizar. Cuando ya estás en el aire si puedes usarlos.

Él se limitó a asentir con la cabeza con la mirada fija en el suelo, como si estuviese procesando la información.
– ¿Y por qué?
– ¿Cómo que por qué?
– Que por qué sólo escribes cuando viajas.

Gabi respiró hondo buscando la respuesta en su cabeza.
– Un viaje siempre supone un cambio- dijo después de una pausa-. A veces es casi insignificante pero siempre es un punto de inflexión. Y por eso necesito aclarar algunas ideas en mi cabeza. Pensar en todo lo que he hecho y, sobre todo, en lo que voy a hacer a partir de ese punto.

Kevin ya no miraba al suelo. Observaba atentamente la cara de Gabi mientras hablaba.
– Me gusta- dijo sin dejar de mirarla- te conoces a ti misma.

Gabi giró la cabeza. Estaban sentados el uno junto al otro y sus brazos se rozaban. En esa posición y mirándose fijamente a los ojos la distancia entre sus caras era escasa. Kevin levantó la mano despacio y le retiró un mechón de pelo que cubría su mejilla. Gabi sonrió.
– Cuando te vi por primera vez me quedé impactado con lo preciosa que eres- dijo Kevin casi susurrando.
– Gracias- contestó Gabi. Cerró los ojos e inspiró. A esa distancia el olor era más intenso-. Me encanta tu colonia.

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