Con las ideas en la maleta

Miro por la ventana y veo una mancha borrosa de montañas, árboles, postes, rocas y todo lo que intuyo que hay ahí fuera. Enfoco. El horizonte se divisa. No es más que monte. Verde. Muy verde. Muy bonito. Me relajo viendo el paisaje y el tiempo pasar. Miro el reloj y sólo quedan cuatro horas para verte. Me alegro tanto…Ya puedo imaginarme mi llegada. Cuando me veas, cuando yo te vea a ti, cuando nos besemos, nos abracemos, nos miremos. Cuando, por fin, nos miremos…No puedo evitar sonreir. El señor que está sentado en el asiento de enfrente me observa de reojo. Me acabo de dar cuenta. Que mire.

Sólo cuatro horas. Y por fin podré decirte todo lo que te tenía que decir. O quizás no. Quizás ya está todo dicho por teléfono. Hemos hablado tanto que no me extrañaría. Pero no importa. Crearemos nuevos momentos de los que hablar. Lo que vivamos juntos nos dejará conocernos cada vez más. Porque esa es la cuestión, que hay que estar juntos, vivir experiencias juntos, estar en situaciones juntos y ver como reacciona la otra persona, eso es lo que nos permite conocernos. Y a cuatro horas de distancia no se puede.

Pero ya queda menos. Tenemos que darnos prisa, pero ya queda menos.

Mi rodilla se mueve nerviosa, qué raro, no suelo hacerlo. Claro que tampoco había estado antes en esta situación. Nunca he creído en las relaciones a distancia. Y no creo. Pero ¿qué hago? ¿Te olvidó? No puedo. Porque creo que te quiero. Y por algún motivo tu estás allí y yo aquí. Por alguna razón que ya descubriremos. De momento voy a verte. Igual que viniste tú. Y será todo perfecto.

Porque contigo siempre es así. Y me haces reír tanto…A ti te cuento todo lo que me pasa. A ti, que estás a cuatro horas. Y no se lo contaría a nadie más.

¿Donde estarás? Quiero decir, cuando llegue. No hemos acordado un sitio. Lo más romántico sería que me esperases en el andén, pero igual hay que pagar para entrar y no merece la pena. ¿O si? Pensar que has pagado sólo para verme según salgo del tren me hace ilusión. Aunque en realidad es absurdo. Me da igual. Mejor que no bajes.

Yo te esperé fuera, en el coche. Y ni siquiera me bajé cuando te vi aparecer. Claro, que somos diferentes. Mucho. Pero por eso nos gustamos.

No se dónde estarás. No consigo imaginarte en un sitio o en otro. Sólo me imagino abrazándote. Y tu olor. En esa escena tu olor tiene un papel protagonista.

Cierro los ojos a sabiendas de que el señor de en frente me sigue observando. Sólo está aburrido, se le nota, es un hombre aburrido. Y yo me he puesto guapa para ti.

El sonido del tren me relaja. Todas las piezas de la máquina funcionando a la perfección. Y el tiempo pasando. Cuatro horas que ahora son sólo cuatro minutos.

Se me seca la garganta, bebo agua. Estoy nerviosa. Pero me tranquilizo rápido. El segundo exacto en el que nos veamos me inquieta. Porque ahora no se que decirte. No importa. Cuando te huela lo sabré.

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