Albarracín: belleza mudéjar entre montañas

Llevaba tiempo escuchando a varios familiares hablar sobre lo bonito que era Albarracín, un pequeño pueblo de Teruel custodiado por las montañas.

Llegamos el domingo por la mañana con intención de hacer una visita rápida. A la entrada, un cartel anunciaba “Uno de los pueblos más bonitos de España”, lo que aumentaba aún más la expectación.

Empezamos a subir por sus calles empedradas. Y subir es lo que seguiríamos haciendo en la próxima media hora. Como en Lastres (Asturias), una vez más, la belleza del pueblo viene acompañada de cuestas imposibles. Como si el lugar quisiese aumentar la intriga, como si se hiciese de rogar.

El paseo hacia lo alto de la montaña, donde se encuentra muralla,  ya merece la pena. Esos alojamientos y restaurantes de piedra que ofrece el pueblo a los visitantes, las fachadas de barro y madera, la ropa tendida en los balcones…Sólo hay que observar y disfrutar cada paso.

Cada pocos metros encuentras una zona donde asomarte y tener una panorámica del pasaje. El río a los pies, en lo alto de la montaña la muralla, supervisando, y entre los edificios, cientos de escalones que llevan a ninguna parte.

Callejones por los que a duras penas cabe una persona, recovecos con historia y turistas curiosos fotografiando cada rincón.

Es cierto. Lo que tantas veces he escuchado de Albarracín puedo decir que es cierto. Enamora su presencia, su historia, la calidez de sus calles que parece que te arropan con sus formas.

Si todavía no lo conoces, te lo recomiendo para una escapada de fin de semana. No deja indiferente.

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