¿Sabías que Senegal está a sólo 4 horas y media de España?

Este verano hemos tenido la suerte de conocer Mar Lodj, en Senegal. Mi madre y yo llegamos casi por casualidad y terminó siendo una de las experiencias más enriquecedoras de nuestras vidas. Estuvimos en el país africano poco más de una semana, tiempo suficiente para conocer esa pequeña isla mágica y las costumbres y formas de vida de su gente.

Día 1. Llegada a Dakar – Aeropuerto Internacional Blaise Diagne

No todo el mundo sabe que se tarda sólo 4 horas y media en llegar a Dakar en avión desde Madrid, lo que convierte una semana en un tiempo bastante asequible para visitar Senegal. Si consigues reunir unos cuantos días libres, no lo dudes.

Llegamos al aeropuerto de Dakar a las 21:30 y allí nos esperaba un chófer del hotel donde nos alojaríamos las próximas dos noches, el Baobab Soleil.

Desde España, contactamos con un centro que trabaja por la salud de las mujeres en la región* y acordamos llevarles material médico, vendas, compresas, etc, por lo que quedamos también en el aeropuerto con Mamadou, el responsable, para entregarle el bulto.

*El centro de llama Visa Sante.

Cuando nos encontramos todas las partes, y después de haber hecho la entrega, cogimos la carretera rumbo a Baobab Soleil. Ya en el trayecto nos dimos cuenta de que no hablar francés iba a resultar un inconveniente importante, ya que sólo pudimos cruzar dos palabras con el conductor, acompañadas de gestos y sonidos para hacernos entender.

La habitación del alojamiento era estupenda, con una decoración preciosa (acorde con la estética de la región), un baño amplio, aire acondicionado, mosquiteras… Acordamos con la encargada del hotel que tomaríamos el desayuno a las 8:00 y nos fuimos a dormir.

Día 2. Reserva Natural de Bandia.

A la mañana siguiente, nos esperaba sobre la mesa del restaurante del hotel: café recién hecho, crepes, huevos duros, bizcocho y varias mermeladas. Una comida contundente.

Desayunamos y le preguntamos a Ami (la mujer que nos atendió durante toda la estancia) por el desplazamiento hasta Bandia, una Reserva Natural que está a sólo un par de kilómetros. Nos explicó que la mejor opción era llamar a un taxi que nos dejaría allí en menos de cinco minutos y así lo hicimos.

En la entrada había una garita donde un trabajador nos indicó que si queríamos hacer el tour solas serían unos 120€ (nos dio la cifra en francos senegaleses y tardamos un rato en calcular el cambio a euros). Nos pareció carísimo, así que decidimos esperar a ver si aparecía más gente con la que formar un grupo y repartir los gastos. – Los 4×4 descapotables en los que se realiza la excursión son para 7 u 8 personas. En caso de llenarlo, el precio es unos 30 euros por persona -. Tuvimos suerte y a los diez minutos apareció una familia compuesta por cinco personas y pudimos subirnos todos al vehículo.

La guía hablaba un poco de español y nos fue dando datos a mi madre y a mí sobre todo lo que veíamos. Hienas, monos, rinocerontes, cebras, todos estos animales se acercaban a menos de tres metros del 4×4 permitiéndonos observarles en todo su esplendor. Fue una experiencia maravillosa.

Cebras en la reserva de Bandia

El circuito (de una hora de duración) terminó en una zona de souvenirs y pinturas de artistas locales y nos acercamos a ver las obras en detalle. Les compramos uno de los cuadros por unos 22€.

Al regresar al hotel, comimos pollo con arroz (muy picante pero muy rico) y pasamos la tarde descansando en la piscina disfrutando del sonido de los pájaros.

Tuvimos la suerte de coincidir aquí con un español que también se alojaba en el hotel por trabajo y nos ayudó a contactar con un taxista que nos pudiese llevar hasta Oourán (cerca de Sally) por un precio asequible. El contacto aceptó llevarnos por 15000 francos (unos 23€).

Al día siguiente nos esperaba a las 10:00 en la puerta.

Día 3. Hotel Le Warang.

Después de desayunar, hicimos la maleta y partimos hacia Oourán.

El conductor, Ally, nos amenizó el viaje a pesar de que nos comunicábamos a duras penas, y llegamos a nuestro destino en unos 40 minutos. Antes de irse, le pedimos que nos llevase al día siguiente a Mar Lodj, nuestro destino final.

Comimos en el hotel después de darnos un baño en la piscina con vistas al mar. Tanto la piscina, como la habitación nos parecieron estupendas. Teníamos aire acondicionado, aunque con la brisa del mar no fue necesario encenderlo.

La comida del hotel estaba riquísima, pedimos pescado fresco y el mango de postre era el más sabroso que he probado jamás.

Piscina del hotel Le Warang

Día 4. Traslado hasta Mar Lodj.

Llegamos al embarcadero de Dangane sobre las 14:30 (el trayecto duró algo más de una hora), donde cogimos una piragua hasta la isla de Mar Lodj. -Estas piraguas llevan varios pasajeros hasta los tres pueblos de la isla: Mar Lodj, Mar Fafaco y Mar Saloum-. La primera parada era la nuestra y llegamos en aproximadamente veinte minutos.

Embarcadero y piraguas
Recogida en carro hasta el alojamiento

Cuando por fin entramos en Nguel du Saloum, el hotel/casa de Mar y Abdou, estos nos esperaban con la comida preparada: un pescado con arroz riquísimo.

Descansamos un rato y fuimos a la playa (que se encuentra a, literalmente, dos minutos a pie) y allí encontramos algo que denominaban la Cabaña Rasta, un lugar muy especial donde pasaríamos casi todas las tardes en los días posteriores. -Es lo único que encontrarás en la solitaria playa bañada por el agua del gran delta, pero no necesitarás nada más-.

La cabaña rasta

Jean Edouard es el dueño y encargado de este peculiar chiringuito, un senegalés amable y amigable que hablaba, entre otros idiomas, inglés, por lo que pudimos comunicarnos con él sin problema.

Nos explicó que todos los días recogía los plásticos que llegaban hasta la playa para dejar el espacio limpio y que su pueblo fuese poco a poco mejorando gracias a la llegada de los turistas.

Nos explicó también que la isla es mágica, por las sensaciones que provoca y porque sus habitantes creen profundamente en la magia, por lo que acompañan con amuletos y rituales sus actividades diarias. Lo descubrimos en los próximos días.

Día 5. Excursión a los tres pueblos de la isla.

Mar y Abdou nos hablaron de una excursión en carro a través de los tres pueblos que componen la isla de Mar Lodj y les pedimos que nos organizasen la recogida.

Nos vinieron a buscar a las 9:30 y nos subimos a uno de los carros con los que se desplazan todos los habitantes locales. Nuestro guía fue Paco, un senegalés muy risueño que hablaba nuestro idioma.

La primera parada fue el pueblo de Mar Lodj, aquí realizamos un pequeño recorrido a pie en el que visitamos, entre otras cosas, la Asociación de Mujeres, la iglesia católica* y el Árbol Sagrado.

*En la isla, al igual que en el resto del país, aproximadamente el 50% de los habitantes son católicos y el otro 50% musulmanes.

La asociación está financiada por un banco español y permite a las mujeres de la región vender sus productos caseros, principalmente mermeladas, y piezas de artesanía a los turistas.

También visitamos la plaza del pueblo, un espacio donde sus habitantes colocan un pequeño mercado con pescado, verduras cuadros pintados a mano, etc. -Recomiendo que compréis algo aquí-.

Paco nos explicó que, debido a su cultura africana ancestral, cuando surge un problema en el pueblo, se intenta solventar primero dentro de las familias; si no se llega a una conclusión, se extiende a los amigos, que también opinan y dan posibles soluciones y, en última instancia, si ninguno de los pasos anteriores ha conseguido erradicar el conflicto, el tema se lleva a los mayores del pueblo, que se encuentran en la plaza, para que den su veredicto.

En uno de los otros dos pueblos (creo que era Mar Salou) estuvimos con unos niños estupendos que se divertían cogiendo pequeños pececitos en la orilla del delta. Utilizaban una botella, un poco de masilla de harina y mucha paciencia. En cuanto nos acercamos nos enseñaron con orgullo el cubo que habían ido llenando.

Los peques que nos enseñaron cómo pescaban
El camino entre un pueblo y otro subidas en el carro

Una vez terminada la excursión pagamos una tasa de 13000F (se paga por carro) y este dinero, que se le pide a los turistas, se distribuye entre los distintos pueblos para su desarrollo.

Dia 6. Mermelada casera en casa de la vecina.

A pocos metros de la casa de Mar y Abdu, se encontraba otra vivienda donde se alojaba una de las mujeres que pertenecía a la asociación y que vendía principalmente telas hechas a mano. Nos ofreció ir una tarde a que nos enseñase a hacer mermelada de mango casera y, de paso, viésemos tranquilamente las telas por si queríamos comprar alguna.

Pasamos una tarde muy divertida en la que esta risueña senegalesa nos explicó todos los ingredientes necesarios para hacer el producto y las horas de cocción que se requieren. Estuvimos en su porche alrededor de la gran olla que desprendía un olor delicioso, hasta que la mermelada estuvo lista para meter en los tarros que ella tenía preparados.

Le compramos varios botes que nos trajimos a España. Cada uno costaba alrededor de 3 euros.

Las telas preciosas que nos vendieron

-Otra mermelada que nos gustó mucho y que compramos en la plaza del pueblo fue la de bisab, una flor roja que tienen en la región y que está riquísima.

Día 7. Visita a la isla de los pájaros

En nuestro penúltimo día en el paraíso, hicimos otra de las excursiones que ofrecen en el alojamiento, una visita a la Isla de los Pájaros.

Nos recogieron en el embarcadero en una de las enormes piraguas y nos adentramos entre los manglares del enorme delta. Nuestros acompañantes senegaleses nos deleitaron todo el trayecto con una suave música reggae mientras se preparaban un té (beben té a todas horas), que luego nos ofrecieron amablemente.

El paseo fue precioso y relajante, pero no vimos demasiados pájaros porque, por lo visto, depende de la época y el día. En cualquier caso, sin duda, merece la pena la experiencia.

Llegamos a lo que denominan la Isla de los pájaros y el dueño de la piragua atracó junto a la orilla y ató el barco. Vimos desde allí como iba bajando el sol a medida que pasaban las horas y, como curiosidad, nos enseñaron unas huellas de hiena. Por lo visto hay muchas en esa zona, aunque son difíciles de ver.

Después de un rato recorriendo la minúscula isla de punta a punta, metiendo los pies en el barro y disfrutando del silencio y los colores de la tierra bañada por el atardecer, volvimos a la barca para regresar a Nguel du Saloum.

El atardecer desde la Isla de los Pájaros

Día 8. Vuelta a Madrid.

Nos despedimos de nuestros estupendos anfitriones y del resto de huéspedes del alojamiento y navegamos hasta el embarcadero del otro lado del delta. Allí nos recogió de nuevo Ally, que nos llevó hasta el aeropuerto de Dakar en aproximadamente dos horas y media.

Volvimos a Madrid llenas de recuerdos maravillosos y experiencias inolvidables.

Notas:

Mar y Abdou crearon este alojamiento ecológico cuando decidieron mudarse a Senegal después de haber vivido durante diez años en Granollers (Cataluña). Ella es española, él senegalés y tienen dos hijos que nacieron en Barcelona. Después de varios años viviendo en España, decidieron mudarse al país natal de Abdou para que el niño y la niña conocieran las raíces de su padre.

Puedes leer toda su historia en su web: http://ngueldusaloum.com/es

Ese es el alojamiento

Los ladrillos que componen la casa están hechos por las mujeres del pueblo y han creado un modelo de negocio que incluye a tod@s los vecin@s para que est@s también puedan enriquecerse del turismo que llega al “hotel”. La isla es absolutamente mágica y este alojamiento, también.

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